Ante la mentira y el saqueo, línea roja ciudadana

220_0_por-linea-rojaEn “La delgada línea roja”, notable filme antibélico sobre la carnicería de Guadalcanal, el mando militar estadounidense enviaba a un grupo de ciudadanos a una muerte casi segura para defender los intereses imperialistas de las clases dirigentes de su país. Aquí y ahora, Las delgadas líneas rojas bien podría ser el título de la película de terror social que pretende hacernos tragar el nuevo ejecutivo de la CAV con los inminentes presupuestos. Y es que estamos ante la enésima entrega de una saga neoliberal que empuja a las clases populares a la pobreza y al suicidio para que banqueros, grandes empresarios y sus esbirros políticos mantengan su dominio y sus privilegios, y puedan continuar con el saqueo del planeta y la explotación de la mayoría de las personas que lo habitamos.

Decepción, desprecio e ira conforman la primera impresión que le ha quedado al ciudadano que escribe tras haber conocido a los nuevos consejeros autonómicos a través de la reciente sucesión de ruedas de prensa que han protagonizado a propósito de esos mismos presupuestos. “Mentiroso” es la palabra que le viene a uno a la mente cuando rememora la cara de póquer que puso el ahora lehendakari en aquel debate televisado por ETB-2 el día 17 de octubre pasado cuando prometió al electorado que no traspasaría las famosas “líneas rojas” y evitó explicar cómo iba a apañárselas sin los famosos 1.000 millones, precisamente los mismos cuya ausencia de pronto parece justificar todo tipo de proyectos de atentado contra la ciudadanía: ahora, los Erkoreka, Gatzagaetxeberria, Uriarte, Darpón o Aburto nos repiten día tras día que no queda más remedio que recortar educación, sanidad, vivienda y políticas sociales. Gentes de bien, no nos engañemos: las únicas líneas rojas que conocen nuestros sucesivos gobernantes son las que lucen las alfombras de lujo sobre las que caminan a diario. El candidato Urkullu nos mintió igual que mintió en su día Rajoy a los españoles, igual que mienten los zapateros, los lópez, los urdangarines, los bárcenas y las barcinas de esta tragedia mal llamada “crisis”. Para quien escribe, el reciente juramento del lehendakari electo sobre el Estatuto de Gernika tiene el mismo valor que si lo hubiera prestado sobre un ejemplar de Pinocho.

ikurrina-atarrabiaTanto o más que la mentira sobre la que nace el gabinete Urkullu, le preocupa a uno la tibieza con la que la sociedad ha reaccionado ante la misma, al menos hasta el momento. Sólo en un twit de un político vasco he hallado la inequívoca acusación de “mentirosos”. El resto de la clase política ha callado o ha utilizado eufemismos como “incumplimiento de la palabra dada” y se ha mostrado bastante comedida en el tono de sus declaraciones esperando, supongo, a los réditos políticos que puedan sacar las diferentes formaciones durante la negociación de esos presupuestos que, como ayer mismo volvía a recordarnos el consejero de Hacienda y Finanzas, van a ser “muy duros”.

Ante tal amenaza – que sin duda hemos de creer a pies juntillas–  a las gentes de la calle no nos queda otra que ponernos muy duras o perder derechos sociales y laborales una vez más. A esas voces hipócritas que nos apelan al sacrificio y a trabajar unidas en tiempos difíciles, hemos de responderles que sí, que vamos a sacrificarnos cuanto sea necesario para resistir, primero, y avanzar, después, en la lucha social, y que lo haremos todo lo unidas que nos sea posible por la cuenta que nos trae. Ante tanta mentira, ante la inminente merma de nuestro malogrado Estado del bienestar, ante la imposición de proyectos innecesarios y derrochadores como el del TAV, tenemos el deber moral de formar una línea roja ciudadana. Nuestra dignidad quedará en entredicho si no intentamos resistir el embate y parar la violencia de estos presupuestos que, en caso de ser aprobados, sin duda contribuirán a causar más angustia y muerte entre la ciudadanía. La nuestra es una situación de emergencia que hoy, aquí y ahora mismo, ante un enemigo unido, requiere una respuesta sin contaminaciones de intereses partidistas o sindicales, es decir, una movilización ciudadana insumisa y contundente que emerja de cada barrio decidida a echar para atrás estos presupuestos y repeler cada uno de los ataques neoliberales que sin duda nos depara el futuro más cercano.

Koldo Larrea Itxina (Leioa)

 

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Archivado bajo Articulos Opinión, Economía

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